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viernes, 19 de febrero de 2010

Un gobierno con virtudes de mujer

Al fin llegó. Costa Rica está por disfrutar lo que tanta falta le hacía, un gobierno revestido de virtudes de mujer.

No por ser mejores, sino por ser complementarias.

La ausencia del sello femenino en el ejercicio del poder ha creado un desequilibrio histórico que ha privado a las sociedades de ciertas cualidades muy propias de las mujeres, y dichosamente a Costa Rica le llegó el tiempo de disfrutarlas.

Costa Rica necesita la innata búsqueda de la unidad que tiene la mujer. Siempre rodeada de gente, siempre buscando la gente.

Costa Rica necesita la sensibilidad. Necesitamos una Presidenta que sin demerito de su prudencia, se permita llorar con el dolor otros, que pueda expresar solidaridad ante la pobreza, el abandono, la agresión o el abuso, con el corazón, más que con la razón.

Costa Rica necesita la innegable capacidad femenina de atender muchas cosas a las vez. Es tanto lo que se debe hacer, que no puede haber mejor momento para que una mujer nos dirija.

Costa Rica necesita la belleza y sensualidad que saca sonrisas y suspiros para tener un poco de magia que ponga sueños y esperanza en nuestros espíritus. Se necesita un poco de color en medio de tanto gris.

Costa Rica necesita la inteligencia femenina, complementada con conocimiento y experiencia como la tiene nuestra Presidenta, pero afinada con ese sexto sentido único de las mujeres, que nos deja ver los que otros no ven.

Costa Rica necesita la capacidad de trabajo de una mujer que atiende dos jornadas.

Costa Rica necesita la habilidad de la madre que sabe sembrar sueños y que cree en sus hijos más allá de las limitaciones que pueda ver en ellos.

Costa Rica necesita la capacidad innata de la mujer para enseñar, para conducir, para dar consejos e inculcar valores. Costa Rica necesita una líder que con claridad y paciencia sepa señalar el camino.

Costa Rica necesita la tenacidad que se observa en una madre soltera, nada la detiene para garantizar un futuro apropiado a sus hijos.

Costa Rica necesita la valentía femenina cuando enfrenta un parto. Esa actitud de la mujer que tras el incesante dolor, sonríe satisfecha de la labor cumplida y continúa celebrando la vida.

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