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martes, 11 de marzo de 2014

El Poder de lo Simbólico


¿Podrían unos zapatos comunicarle al mundo que se aproximaba una revolución en una las instituciones más conservadoras del mundo?



Claro. En los últimos años el poder de los símbolos ha recobrado la relevancia que siempre debió tener. En el tiempo de la comunicación instantánea y de tan solo 140 caracteres comunicar con elementos simbólicos es fundamental.

El Papa Francisco es sin duda la figura pública que en el presente inmediato más uso positivo ha tenido de lo simbólico. Es evidente en su discurso que comprende con una claridad absoluta que las palabras son huecas sino se acompañan con hechos fotografiables que muestren una acción creíble para producir un impacto y también influenciar a la acción.

Uno de tantos ejemplos que podríamos citar fue cuando recientemente  aceptó ponerse una nariz de payaso para ofrecer apoyo a una fundación que utiliza la risa para llevar alegría a niños y niñas con problemas de salud.


Pero aunque pensemos que el uso de los simbólico es un recurso moderno, deberíamos afirmar categóricamente que no. ¿ Se imaginan cuantas reproducciones o likes hubiese recibido la foto de Jesús hablando a solas con una MUJER y además SAMARITANA, que se había casado siete veces?  Señaló esas palabras en mayúscula porque cada una de ellas representa un estereotipo que con su acción Jesús ignoraba. Su acto, que fue de amor por cierto, fue sumamente simbólico, tanto que nos da de que hablar hoy.

El poder simbólico es un concepto sociológico principalmente desarrollado por Pierre Bourdieu. Este es asociado a formas en que los sectores dominantes logran transmitir paradigmas usando simbolismos que representan sus intereses, de manera que estos se convierten en patrones de pensamiento aceptados como verdad, que les permiten el dominio sin uso de elementos represivos.  Un ejemplo: el comunismo es malo, a quienes lo pregonan hay que tenerles miedo. Es comunista, es malo. 

El poder simbólico tal como se describe se está desmoronando desde mi punto de vista. Pues ya no hay secretos, gracias a internet, redes sociales y otras formas de comunicación.  Pero el poder de lo simbólico, que es diferente, está tomando fuerza.

Unos ejemplos más.

¿ Le sería  posible a Mujica solicitar  un esfuerzo de austeridad a los uruguayos?




La Presidenta Laura Chinchilla reconoce en estos días, en diferentes medios de comunicación un fallo “estrepitoso” en comunicación durante su gobierno.  El principal, creo yo, fue que no la vimos tanto como debimos. En comunicación hay una máxima, lo que no se comunica no existe.

 ¿Haga usted su propio análisis al comparar estas dos fotografías publicadas en el Diario La Nación el mismo día? Ambos candidatos presidenciales.



Pero lo simbólico no funciona solo porque si. Lo simbólico de hoy no puede ser solo fantasía. Debe estar respaldado por un contexto apropiado. El símbolo debe ser creíble. Debe ser apropiado y consecuente con la coyuntura en la que su usa.

Un ejemplo inapropiado fue realizado por René Pérez vocalista de Calle  13 en un acto que pretendía ser simbólico en contra del consumismo resultó absolutamente contraproducente. Con bate en mano arremetió contra un Maserati  valorado en $100 mil dólares. Hay quienes dicen que cómo alguien que no comulga con el consumismo poseía un Maserati, otros que con ese Maserati se podrían haber construido dos escuelas en Perú.


Lo simbólico es fundamental en los procesos de comunicación de hoy. Una fotografía tanto mensajes como un grupo de párrafos, y se toma menos tiempo leerlo.

Lo simbólico es un lenguaje deseable. Pero debe se ser coherente. Creíble. Que se sostenga no solo en el momento, sino que pueda compararse con otros momentos del personaje que retrata.

Recientemente en la entra de los Oscar se dio un momento de aparente naturalidad,  El selfie más famoso del mundo. El acto divertido perdió su impacto inicial cuando trascendió que aparentemente Samsung pagó $20 millones de dólares  por el “espontáneo” acto.  


El poder de lo simbólico no puede usarse sólo como una estrategia más de marketing. No en nuestro tiempo. Es sumamente útil y de gran impacto cuándo lo acompaña la credibilidad.

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